Locura y Autoexilio. César y Gladiador.

marcelo bielsa loco

La Locura puede definirse como la pérdida de la cordura de un desesperado o la reflexión máxima de un genio. Así mismo, la Locura puede despertar sentimientos extremistas dentro de una persona. Si aquella Locura le provee alegría, orgullo y bienestar a una persona, esta misma puede perder la razón y el juicio, cayendo totalmente rendida a sus pies en una asimilación al enamoramiento ciego. Pero si la Locura avergüenza, desprestigia y contamina a una persona, esta se vuelve una víctima de un enemigo irascible con la mente nublada por el orgullo lastimado, con una sed de decapitación digna de un plebeyo en la Roma popular. Al final del día, “Pan y Circo” es lo que nos mueve a todos por dentro, y si el pan está duro y el circo aburre, pase lo que pase pediremos la cabeza de alguien.

Marcelo Bielsa ha sido partícipe de ambas caras de la moneda. César y Gladiador. La Soledad, fuera del campo de juego, es la marca más clara de Marcelo. Una Soledad no por imposición sino que por elección. En el 2009 fuimos testigos de como el Autoexilio, enfundado en dolor y con sed de revancha por orgullo, puede proveer una paz mental que, junto a la disciplina, el estudio, la humildad y la perseverancia, se convierte en la Excálibur de cualquier ser humano.

Sin embargo, este no fue el primer intento del nacido en Rosario. A los 16 años, y en contra de la voluntad de su padre, Marcelo abandonó su nido familiar para seguir su sueño en torno a la redonda. Su nueva familia se llamaba Newell’s Old Boys y su nuevo padre, Jorge Griffa.

marcelo bielsa argentina agachado

Cuando Bielsa cumple 25 años, es entonces, cuando nos muestra la primera señal de aquella búsqueda de la perfección a través del Autoexilio. Marcelo rellena su frustración (de no poder ser un futbolista capaz y destacado) con el análisis técnico y minucioso.

“Prefiero el Protagonismo con la pelota antes que la especulación, y estar en el campo rival antes que en el propio. Más tiempo en posesión de la pelota antes que intentar recuperarla. Utilizar el reglamento para que el juego sea mejor y no para sacar ventaja. Y, en la medida de lo posible, anticipación de todas las líneas en el desarrollo del juego.”

¿Y cómo se puede llegar a conseguir todo esto? Con fuerzas contrarias pero complementarias. Generosidad y Protagonismo. Humildad y Coraje. Reflexión y Esfuerzo. Disciplina y Rebeldía. Un Minimalismo bien definido pero por sobre todo, constante. Así es como puedes conseguir sacar lo “mejor” de un jugador. Y, si indagamos y generalizamos más, lo “mejor” de una persona. Con esta filosofía, Marcelo logró ser el César de Rosario en 1991 y de toda la Argentina, a inicios del 2002. Campeón con uno y líder histórico con el otro.

La Culpa es del Loco!

En Junio del 2002, el dolor, la desesperación y el odio externo, inundaron el interior de Bielsa. La Argentina llegaba mejor que nunca a una justa mundialista y… se iba peor que nunca. El gol de Anders Svensson al ’58 y el pitazo final del árbitro, hicieron olvidar a todo el pueblo argentino del récord de puntos en la eliminatoria y de los títulos, además del carisma y despliegue técnico, de Bielsa. Lo que vino en los días siguientes, fue una semejanza a la película El Perfume, cuando atrapan a Jean Baptiste Grenouille. Y como no, si desde hace 28 años que la Argentina no quedaba eliminada en primera fase.

El pueblo le agarró un odio tremendo. Se convirtió en un Gladiador en pleno coliseo. El Dolor de Bielsa era evidente y profundo. Sin embargo, el Autoexilio se hizo presente hasta 2 años después de aquel momento y en el lapso cumbre de su carrera. Ganó la medalla de Oro en los juegos olímpicos de Atenas 2004 y luego -sorpresivamente para todos- renunció.

¿Después de eso? Máximo Paz, zona aislada, despoblada, de campo y de buen comer, le dieron a Marcelo la calma y la sabiduría que le hacían falta durante un período de “desaparición” mediática de 3 años. El Dolor de haber perdido en un instante lo más amado para él, le hizo buscar respuestas en un estado de reflexión máxima. Marcelo siempre supo que era lo que estaba pasando en el fútbol mundial en ese momento. Recibió múltiples ofertas de clubes importantes en el mundo, las cuales rechazó una por una. Junto más de 30,000 videos de partidos grabados y se volvió en el Google Analytics de un partido de fútbol.

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El Fénix

En su juventud como estratega, alguna vez comentó en una entrevista “Quiero venirme a Chile o a Suiza. Son países modernos futbolísticamente hablando y que además no están en los extremos como Argentina. Acá, un triunfo o una derrota lo significa todo.” . Cuando Harold Mayne-Nicholls lo contactó para ofrecerle la dirección técnica de Chile, entonces Bielsa escuchó y analizó. Organizó un asado con sus mejores amigos para hablar de fútbol y de un posible escenario como orquestador del país vecino. Lo que sigue ya todos lo sabemos. Revolucionó la historia, la mentalidad y el nivel de un país completo. Futbolística y socialmente. El Minimalismo que Bielsa adoptó en Chile, le otorgó tiempo y energía para enfocarse en lo que realmente importaba, al igual que cuando Steve Jobs creaba un nuevo producto en Apple. Un Minimalismo en el accionar deportivo y en la vida cotidiana, donde vivía en un cuarto pequeño en el complejo deportivo Juan Pinto Durán y salía a comprar al mercado local en bicicleta.

La clave del éxito de Bielsa es que se enfocó en buscar el camino a la felicidad antes que al mismo éxito.

“Soy un especialista en fracasos y sé perfectamente que las adhesiones se pierden cuando se acaba el éxito. Los seres humanos de vez en cuando triunfan. Habitualmente se desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan de vez en cuando… muy de vez en cuando. Éxito y Felicidad no funcionan como sinónimos. Hay gente exitosa que no es feliz y hay gente feliz que no necesita del éxito para serlo. La obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones para ser feliz.”

En la actualidad, Marcelo goza de la misma situación en Bilbao y Bilbao lo goza por primera vez. Normalmente, la gente reacciona ante la Locura con desprecio, rechazo y miedo. ¿Por qué? Porque es un camino al éxito siendo feliz, pero MUY arriesgado. Y cuando la palabra “riesgo” entra en juego, la gente corre. Sin importar que el éxito los espere al final del camino. Un Loco es un genio obsesivo, más estudioso que los demás y que siempre piensa antes del momento. Es un camino extremista que te lleva al éxito o al fracaso pero… si aprendes a levantarte de un fracaso y absorbes toda la enseñanza del mismo, entonces el fracaso no existe y terminas siendo un genio, entendido o ignorado, amado u odiado, como Marcelo.

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Dios es Uruguayo

“Al Maracanazo vamos a dejarlo quieto. No se pueda tocar, ya está.” .- Óscar Tabárez

No pude dormir bien y he sudado frío toda la noche. Suena el reloj por fin y me despierto de estar despierto. Salgo de un sueño para vivir otro el día de hoy. Dios es uruguayo. Soy zurdo, pero del nerviosismo me he lavado los dientes con la mano derecha y a la hora de hacer mi maleta, me queda apretada con mi equipamiento, esperanzas, nervios e ilusiones. Sofía me vuelve a decir “Vos podés”, como lo hizo hace 8 años cuando nos tuvimos que separar… no saben lo que significa esa frase para mí. “Vos podés” llegar a la primera. “Vos podés” irte a Europa. “Vos podés” cambiar una fecha histórica como 1950 por 2010. “Vos podés” hacer historia. Decime que no puedo y sólo lograrás que lo haga mejor.

El Soccer City me recibe como un doctor en un parto. Todavía no despierto y no entiendo nada. Un negrito me guía a donde debo vestirme. Todavía no despierto y no entiendo nada. “Vamoh, vamoh carajo” gritan Diego, Maxi y Diego. Todavía no despierto y no entiendo nada. “No se puede tocar, ya está!” dice El Maestro. Todavía no despierto y no entiendo nada. “El Maracanazo Lucho! El Maracanazo! Despertá! Vos Podés!”. Ahora todo tiene sentido. Me pongo los f50 y la remera 9, y despierto.

La mano de Luis Suárez y el mejor partido de Sudáfrica 2010

Como te explico que, cuando estás viviendo un sueño despierto, las piernas no responden, la mente y la boca no se traslapan y que el corazón late más rápido que un doble pedal del baterista de Stratovarius. ¿De dónde sacan ese ímpetu y coraje estas Estrellas Negras que visten de blanco normalmente pero hoy andan de rojo?… Como te explico que lo único negro y blanco que tenemos en la mente, son las imágenes de nuestros momentos de gloria en el antaño, mostrados con orgullo por nuestros padres y abuelos.

Nos empieza a llover sobre mojado. A Jorge me lo pintan de amarillo y no estará con nosotros en la próxima. Diego nos abandona y es cómo si en una partida de ajedrez, te comen al caballo. Y cuando tengo la oportunidad de calmar las aguas y comenzar la historia, Kingson me manda a tomar por culo con un manotazo. Luego llega el descarado que en el último segundo de los primeros 2820, manda a Fernando para un lado, a Don Jabulani para el otro y al pueblo charrúa al piso. ¿Pero quién te creés que sos, Muntari?

A Jorgito me lo tumban como hoja de caña de azúcar cortada por un peruano y es el momento en que, a expensas que nuestro Caballo está en la lona, llega nuestra Reina, de nombre Diego también, para que nos devuelva la sonrisa, el hambre y la esperanza a los 11 en la cancha, a los casi 20,000 en el estadio y a los cerca de 3.250.000 que nos bancan a morir en los 176,000 km2 celestes.

Después de 2 horas de estarnos pegando y persiguiendo, ahora las piernas no responden pero por cansancio. Y nuevamente, llega un descarado que nos quiere tumbar en el último minuto cuando no estamos listos para abandonar el barco. No, Señor! No esta vez. No le puedo hacer esto a Sofía y a Delfina, que ni siquiera la conozco pero ya la amo. Cuando creen que pueden reir, bailar y gozar, les voy a recordar que la Mano de Dios no es argentina ya que por el día de hoy, sólo por hoy, DIOS ES URUGUAYO.

La mano de Luis Suárez y el mejor partido de Sudáfrica 2010: Uruguay vs Ghana

Mi mente está en blanco y sólo veo una tarjeta roja, donde intento reclamar cosas que no se pueden reclamar. Veo a Mensah saltando cual niño de 5 años en Disneylandia, veo a mis compañeros atónitos y con la mirada pérdida, y veo al pueblo ganés con unos ojos con lágrimas llenas de esperanza y alegría. Estoy destrozado. Me quieren echar del terreno pero no quiero. No quiero abandonar a mis hermanos, no quiero abandonar a mi pueblo, no quiero abandonar este sueño. No estamos listos para irnos. Me llevan a la fuerza, envuelto en lágrimas de tristeza, dolor, coraje y frustración. No quiero irme! No quiero defraudar a mi pueblo! Sólo denme 2 minutos más, se los pido por favor!

Estoy destrozado. Cuando pienso que no hay vuelta atrás, llega el bendito travesaño para transportar mi sentir al cuerpo del remera 3 con apellido Gyan. Mi mente está en blanco y sólo puedo gritar, saltar y gozar. Ahora esos ojos de lágrimas llenas esperanza y alegría, se las he robado al pueblo africano para devolvérselas a mi gente. Aquel 1% de esperanza que teníamos cuando me la decidí jugar, la tuvimos. Dios es Uruguayo. Aunque sea sólo por hoy, que importa.

Ahora lo dejamos a la suerte. En cada penalti te querés desmayar. Ahora lo dejamos a la suerte… la suerte de un Loco. ¿Pero quién te creés que sos, Abreu? Que te mato si lo fallás. Que te amo si lo metés. Pero que va mi hermano… “Vos Podés!”. La alegría que le he dado a mis compañeros y a mi gente, vale más que la historia que hemos hecho el día de hoy.

Me voy ahora del terreno, pero me quedaré en la mente de mi pueblo por siempre.

Sofìa es la esposa de Luis Suárez y Delfina es la hija, quien en Sudáfrica 2010 aun no nacía. “Diego” o el “Caballo” es Diego Lugano. “Diego” o la “Reina” es Diego Forlán. “Maxi” es Maximiliano Pereira y “Jorgito” es Jorge Fucile.

Cómo jugar Fútbol en una cultura diferente.

¿Cómo se puede jugar fútbol en un idioma distinto?

Todos los que participamos de alguna manera en este espacio hemos pateado una pelota alguna vez pero, ¿Cuántos han jugado fútbol siendo la única forma de comunicarse con el compañero?

San Francisco es una ciudad muy peculiar. Mundialmente reconocida por sus movimientos culturales en los ’70 y la revolución tecnológica en los ’80, esta ciudad es simplemente una ensalada de culturas en nuestro planeta. Para los que no lo saben, muchas de las ciudades en Estados Unidos se dividen en distritos étnicos físicos, tales como el famoso Chinatown, la Little Italy, el criticado Ghetto y el infaltable Barrio Latino. Estos son los principales distritos que podemos encontrar en ciudades como Chicago, Nueva York, Los Ángeles, San Diego, Houston, Philadelphia, Miami, etc. Sin embargo en San Francisco, no solamente encontramos una variedad más amplia, incluyendo el Japantown, Russian Town, Koreantown, El Distrito Brasileño, etc, sino que también encontramos distritos culturales tales como Castro (El barrio Gay) y el Haight-Ashbury (El antiguo barrio Hippie).

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El fútbol no está exento de esto. Si bien la cultura americana en torno al balompié no es la más fiel, grande y apasionada dentro del ámbito deportivo del país, el nivel futbolístico es totalmente lo contrario de lo que podamos llegar a pensar. La reacción inicial de uno -como buen latino- cuando te invitan a jugar por primera vez en el país anglosajón, es sentirse confiado, con un aire de soberbia y entrando a la cancha subestimando a los demás de antemano.

“Claro, Estados Unidos siempre ha sido un pelele para nuestro deporte a lo largo de los años, obteniendo más derrotas que victorias cuando nuestras selecciones se enfrentan mutuamente, por lo tanto, no hay posibilidad que en la calle, en el uno a uno, en el ámbito amateur, tengan todavía alguna posibilidad de vencernos.” Aquel pensamiento, me hizo abandonar la cancha de Outer Sunset por primera vez con el rabo entre las patas, el rostro acomplejado y la autoestima por el piso.

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Y bien merecido me lo tenía por pensar que me iba a encontrar con puras piedras al más puro estilo Alexis Lalas, Jay DeMerit y Brian McBride. Al jugar en una ensalada de culturas, el partido se vuelve como un Resto del Mundo vs Amigos de Messi. Infinidad de estilos, gambetas, mañas, marcas, remates, movimientos, coberturas, pases, carreras y gritos, te envuelven en un abrir y cerrar de ojos. “Venha cá viado!” te grita el Carioca mientras te pinta la cara con una bicicleta. “Это ничего, Педик!” ladra el mastodonte soviético que te tumba en el tiro de esquina. “Na klar, du Schwul. Geh da!”  escuchas con fuerza de tu compañero teutón. “Oh putain, c’est pas possible. Quesque tu fait?” te grita tu compañerito franchute cuando fallaste una clara. “再见, 赶上我” escuchas del asiático que te rebasó como correcaminos. Cuando piensas que estás solo, escuchas las voces mágicas que te hacen sacar lo mejor de ti: “Andá Pelotudo, poné huevoh que los rompemos a patadas, loco!”, “Hey Cabrón, chíngale que estos weyes traen pura madre!”, “Ostia capullo, dale que dejamos a estos tíos flipando”. 

Te acostumbras, le agarras el ritmo y después de 2 meses tenía a Francesco diciéndome: “Hey Fratello, gioco impressionante!” o a Scott: “What a fucking great play we did there, nice man!”. ¿Cómo pasas de un extremo al otro?

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1. No intentes jugar como el otro

Si, el brasileño gambetea todo el tiempo, el asiático corre y posee una técnica exquisita, el alemán o escocés juega muy ordenado y es fuerte, el ruso te muele a patadas o te pone un pase donde quiere. No intentes hacer las mismas jugadas que ellos hacen todo el tiempo. Recuerda que es su estilo de juego y llevan haciéndolo por años, así los han educado futbolísticamente. Aprende de ellos con inteligencia e intenta efectuarlo un par de veces en situaciones no comprometedoras. Acércate y pregúntales porqué juegan así y cual es la ventaja.

2. No impongas tu estilo por sobre todo.

Los demás no vienen a aprender como tu juegas. Llevan un tiempo considerable jugando de una forma y les ha resultado. Lo último que quieren ver es una persona nueva enseñándoles como jugar. Si les interesa tu estilo de juego, ellos mismos se van a acercar a preguntarte o elogiarte.

3. Comunícate con señas o frases sencillas con aquellos que no hablen el mismo idioma.

Con aquellas personas que no comparten el idioma, usa frases muy sencillas en inglés como “Go!”, “Left!”, “Right!”, “Come!”, “Shoot!”, “Good”” o “Here!”. La otra forma es con silbidos peculiares o gestos como aplausos, indicaciones, sonrisas o palmaditas. Jugué con un tipo de Arabia Saudita que no tenía idea de una palabra en Inglés, sin embargo nos complementamos muy bien dentro de la cancha con estos consejos.

4. No alardees de los logros deportivos de tu país.

A los latinos se nos da mucho de alardear de “aquel 9no lugar que conseguimos en la Copa de pre-eliminatoria para la eliminatoria del Mundial de Fútbol de Salón en Trinidad & Tobago en 1947″. Es impresionante ver como los Alemanes o Italianos jamás mencionan un “Ah mira, como en la Copa del Mundo” o un “Primero gana algo y hablamos”. Los logros de nuestros representativos sólo nos causan impresión a nosotros mismos. Ahora, si alguien lo reconoce sin que tu lo hayas mencionado, entonces agradece, coméntenlo y déjenlo ahí.

5. Habla con ellos de su fútbol.

No tienen idea como le brillaron los ojos a Сергей (Sergio) cuando metió un golazo y le dije “великой гол, Дзагоев!” (Qué buen gol, Dzagoev!). Se me acercó y me dijo: “Pero cómo conoces a Dzagoev?!” y se comenzó a emocionar de que sabía mucho más del fútbol ruso de lo que el pensaba. Ellos tienen la humilde idea de que su fútbol es desconocido ante el mundo entero, y cuando ven que no lo es, se sienten muy orgullosos y contentos.

6. No pidas perdón todo el tiempo.

En un principio te impresiona la variedad de estilos que encuentras y la forma de juego de cada uno. Cometes muchos errores y comienzas a pedir perdón por cada uno de ellos. Hazlo al inicio como gesto de cortesía, pero luego que comiences a agarrar ritmo, olvídate de eso. Ellos buscan integrar a la manada a alguien tan fuerte, agresivo y descarado como ellos.

7. Adáptate al estilo de juego del otro.

Si en una jugada, Yao de China, te da un pase y se echa a correr como ratero (su especialidad), ni se te ocurra ponerte a driblear a todo mundo. Retén el balón y regrésaselo con ventaja. Si te pones a hacer jugaditas de toque y gambeta con un brasileño, mantén ese ritmo y no busques que corra 20 metros para un pase a profundidad. Analiza el juego de tus compañeros y adáptate a sus jugadas de vez en cuando. Intenta esto, a mi me funcionó bastante: Haz una jugada a su estilo y la siguiente hazla al tuyo. Sigue ese patrón hasta que se entiendan bien el uno con el otro.

8. Intercambia un movimiento típico de cada estilo de juego.

Ve con el alemán y dile que te enseñe a cabecear. Ve con el chino y dile que te enseñe a bajar el balón con control. Ve con el brasileño y dile que te enseñe una buena bicicleta. Ve con el escocés y dile que te enseñe a pegarle al rival sin que el árbitro se de cuenta. Luego tu enséñales un movimiento típico de tu estilo de juego. Un amigo de Ucrania me enseño a pegarle más fuerte al balón y otro de Sudáfrica a realizar un amague sobre la carrera. De cambio yo les enseñé a hacer un caño y la Rabona. 

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Como ven, el fútbol no tiene fronteras ni idiomas. Si llegan a tener la oportunidad de viajar al extranjero, aunque sea por unos días, no se les olvide llevar sus zapatos y camiseta de fútbol consigo. Averigüen donde se juega fútbol y anímense a integrarse. Les aseguro que será una de las experiencias más divertidas que vivirán.

Libres por 90 minutos

Cuesta arriba, detrás del volante con el motor andando, viendo como el paisaje va cambiando de abundantes casas y centros comerciales a un llano extenso y deshabitado, donde la selva de concreto cambia a desierto y el libre albedrío de algunas personas se consume bajo la soledad y el silencio en unos cuantos kilómetros. En el asiento del copiloto, tu amiga fiel y compañera de batalla, aquella que siempre carga tu uniforme y herramientas de pelea, siempre callada pero dispuesta a acompañarte mientras le proporciones un hombro. 10 kilómetros después de la última miscelánea y el paradero de autobús, cuando pensabas que ya no había nada en aquellos parajes y que la próxima forma de vida la verías en el siguiente pueblo, llegas a tu destino.

futbol en la carcel

4 muros de concreto más gruesos que las piernas del Pony Ruiz, 4 torres de vigilancia más altas que Peter Crouch, más seguridad que un equipo del Tuca Ferreti, y dentro del recinto, más esperanzas que las de un seguidor de Cruz Azul y más arrepentimiento que el de Salvador Carmona. En medio de la nada, aislado del mundo real, se juegan los siguientes 90 minutos de 22 almas. Algunas puras, otras impuras, algunas arrepentidas, otras orgullosas, algunas buenas y otras malas, todas repartidas en 22 personas de las cuales 11 portan uniforme las 24 horas del día, los 7 días de la semana.

Dejas tu auto, bajas a tu compañera y la dejas vacía. La primera irregularidad viene al conocer tu nuevo vestidor, el cual se encuentra afuera del recinto, a un lado de la avenida principal. Vendas alrededor del tobillo, calcetas del mismo color pero de diferente tonalidad con el resto de tus compañeros, los incansables “Concord” o “Joma” porque sabes que vas a jugar en un terreno más irregular que una campaña del Atlante, camiseta 16 en la espalda, rindiéndole homenaje a tu ídolo e identificación en mano. Estamos listos para jugar.

A diferencia de un estadio normal, aquí no te recibe el cuarto árbitro. Dos monstruos de 1.90 mts, envueltos en un uniforme azul con botas de casquillo extra resistente, ametralladora en mano e insignia de la “Policía Estatal”, te reciben en la entrada, abriéndote las 3 diferentes puertas que fungen como único punto de acceso en aquel recinto. El siguiente paso es entregarle tu identificación a un tipo que irradia tristeza e impotencia en una ventanilla, donde los únicos rayos del sol que ve, son los que llegan cuando se abre la puerta de acceso. Hecho ésto, los dos mastodontes prosiguen a acompañarte a un cuarto aislado donde, después de haberte desvestido con la mirada durante tu ritual de entrada, lo hacen esta vez literalmente para revisarte desde el territorio Yukón hasta Ushuaia. En ese momento tu cabeza y sangre se encuentran totalmente petrificados. Comienzas a recordar tu pasado a largo y corto plazo en busca de algún indicio de crimen cometido, ya sea hasta el robo de un picafresas, porque verdaderamente sientes que has cometido uno. Bien, la revisión fue librada con éxito (obvio). ¿A la cancha ahora? Aun estamos a años luz. El “Transporte” espera…

futbol en la carcel

Como una vil lata de sardinas, es tu trayecto desde el punto de control y revisión hacia el campo de juego. Cuentas (al menos en mi experiencia personal) con una sola van para todo el equipo, utencilios y cuerpo técnico. El entrenador, como buen líder y director de orquesta, ocupa el único asiento del vehículo al fungir como copiloto de un guardia con mirada de pocos amigos y brazos dignos para competirle al trompo de pastor de la taquería a la vuelta de tu casa. El resto del equipo es invitado cordialmente a acceder por la puerta trasera de dicho medio de transporte y “arreglárselas” como puedan. 18 cristianos hacen malabares con su cuerpo, dignos de un performance asiático en el Cirque Du Soleil, para meterse en la parte trasera de la camioneta y así comenzar el corto (pero eterno para los pobres contorsionistas) viaje hacia el campo de fútbol, retrasándose un par de minutos ya que el honorable colegiado es parte del grupo también a pesar de su uniforme neutro y se ha atrasado unos minutos en su registro.

Digna de una travesía para ser considerada la cuarta entrega del Señor de los Anillos, el destino final por fin es tangible, visible y palpable. Evacuando la camioneta como vómito de borracho a las 6am, los gladiadores nos aproximamos al campo directo a la etapa de calentamiento, mientras no hay indicios del equipo rival. 5 minutos después, los susodichos hacen su aparición. Por mas que intentas desviar la mirada y concentrarte en lo tuyo, es imposible. Estás a punto de jugar, convivir y dialogar por 90 minutos con asesinos, violadores, estafadores, drogadictos y uno que otro que robó una “bolsa” de canicas o una estampa del correo. No sólo el equipo te causa curiosidad y sorpresa, sino que también el público. Tienes más público que en cualquier otro partido normal de la liga, pero probablemente sea en el único lugar que desearías tenerlo. El honorable, con la voz entrecortada y las extremidades tambaleantes, da por iniciado el cotejo.

Sudor frío, respiración acelerada y mente bloqueada son el resultado de los primeros 15 minutos de juego. Los 11 contrarios corren como rateros, literal y metafóricamente, con un ansia y vigor que prácticamente no lo ves en ningún otro equipo de la liga. No lo entiendes en un principio pero luego en tu casa, analizando y recordando, todo encaja. Son los únicos 90 minutos de alegría, normalidad y libertad que aquellos muchachos poseen en los 10,080 que abarcan su semana completa. Robas el balón, te escabulles y te vas solo. Eso no es del agrado de los que van cada 7 días a observar el partido de su equipo por obligación, ni mucho menos de los 11 que están jugando. Cuando piensas que tienes el control y respeto de todos, te despiertas en el piso, con la boca llena de pasto seco, un dolor en la pierna como si te hubiera golpeado Pepe y lleno de coraje y rabia por dentro. Te levantas furibundo con el objetivo de encarar y hacer pedazos por tu cuenta al animal que te bajó deslealmente con una patada, lo divisas, te acercas a él y luego… el miedo te invade como tropa americana en el medio oriente y desistes en tu intento de venganza debido a tres razones:

  • Escuchas al árbitro decir “Siga, no fue falta, esto es de hombrecitos”.
  • Notas en su mirada que el sabe que la falta fue más clara y dura que un vidrio de planta nuclear, pero el pavor se lo come a la hora de cobrarla.
  • El amable amigo que te sacudió se acerca a ti con una sutil disculpa disfrazada en un “Que güey?!”, pero claro tu sabes que está arrepentido (muy pero muy profundamente).

futbol en la carcel

El encuentro sigue su rumbo con normalidad, hasta que cometes el peor error del día. Sí, tu amable y cordial oponente se encuentra en el piso dando vueltas gracias a una pequeña e inocente “patadita” que le propinaste sin intención alguna. “Soltaste al Kraken tarado!” repite tu mente una y otra vez. Y en efecto, lo hiciste. Afortunadamente, los mismos guardias de los que temías en un principio, llegan a tiempo para salvarte y someter al convicto lleno de ira. Lo someten y sale de cambio (obligado). El juego se reanuda, sin antes un claro y conciso “Si otro cabrón vuelve a hacer una pendejada así, todos van a valer madres” por parte tus héroes vestidos de azul. El siguiente reto es frenar al fenómeno que corre inexplicablemente como condenado todo el partido sin cansarse. Por supuesto, sin tener conocimiento alguno de que “El Chompas” se había fumado un cigarro de Cannabis con anterioridad (Obvio, por razones medicinales).

Pitazo final y victoria conseguida (no sabes como). Jugadores y cuerpo técnico rivales, se acercan muy agradecidos a estrecharte la mano y, uno que otro, a pedirte un recuerdo memorable de aquel encuentro como tus espinilleras o zapatos de fútbol. La lata de sardinas te está esperando para un abandono inmediato, realizando el mismo procedimiento de transporte descrito anteriormente, sólo que esta vez con el olor a fragancias de Chanel y Louis Vuitton irradiadas por los cuerpos de 18 sementales después de haber sudado por 90 minutos.

Sales del complejo y eres libre. Tu oponente no. Te sientes libre. Tu oponente no. Eres dueño de hacer lo que desees el resto del día. Tu oponente no. Te vas a poner un pedo monumental y hacer tonterías en la noche. Tu oponente no, ya las hizo. Aquellos individuos sólo poseían 90 minutos de libertad, pero los hacían parecer todo un día o semana. El arrepentimiento y los errores han prevalecido en el juicio de estas personas a la hora de disfrutar un momento en la vida, cosa que a la mayoría de los que están afuera, les hace falta. Viéndolo de este modo, todos estamos encarcelados de algún modo. Aquel que parecía no tener alguna cualidad positiva, termina quedándose con una ventaja por muy encima de nosotros. Jodido y encarcelado físicamente se encuentra aquel individuo dentro de los 4 muros. En la misma situación nos encontramos los que están afuera pero mentalmente. La vida se disfruta en los momentos más comunes e insignificantes y el fútbol es una de ellas. Porque el mundo de la redonda no sólo enciende pasiones, sino que nos hace despertar, recapacitar, comprender y afrontar nuevas situaciones. Disfruta el pitazo inicial. Disfruta el medio tiempo. Disfruta el gol. Disfruta el autogol. Disfruta el pitazo final. Disfruta el tercer tiempo. Disfruta la vida.

futbol en la carcel

El Gol que más he gritado en mi vida.

Minuto 30 del primer tiempo en el Universitario de Nuevo León, lleno a reventar y con la presión de un público entero que sólo quiere ver al equipo que viste de azul y oro ver campeón después de 29 años y medio. En la primera descolgada en lo que va del encuentro, la camiseta 13 representando a Ecuador y de nombre Christian, suelta un taco para habilitar a Osmar Mares, quien saca un disparo exacto y envidiable al punto medio entre la portería y los jugadores, dándole oportunidad al ex-Atlantista José María Cardenas de barrerse y recomponer la jugada, recentrando el balón para que llegue el jugador mexicano sensación del momento, aquel que todos llaman ahora “OP9”, y sólo tenga que empujar el balón para enmudecer el inmueble de San Nicolás de los Garza. Era el gol que le daba la esperanza al equipo de Torreón de porfin alzar el codiciado campeonato como aquella vez en el Clausura del 2008 con Daniel Guzmán ante San Luis, mismo que se le escapó con la actuación digna de película de terror de Vuoso en el Bicentenario 2010 ante los Diablos Rojos. Este gol, fue la antesala al que he gritado con mas emoción y sentimiento en mis 23 años de trayectoria.

Oribe Peralta

"Gol de Oribe Peralta en el Universitario"

Alguna vez mencioné y describí en otro artículo que escribí, cómo era mi pasión por los Tigres día a día, una relación de amor-odio en la que una semana terminabas saltando en un pie por la forma de jugar y el apoyo incondicional del estadio completo, y la siguiente semana veias como algunos jugadores iban a trotar por 90 minutos y robar cantidades considerables de pesos mexicanos. Sin embargo, como buen hincha, he aprendido a aguantarlos en las buenas y en las malas (mas malas que buenas), recordar y reir con el famoso “Aztecazo” con los goles de Gaitán, Carlos Morales, Sixto Peralta y Julio César en el último minuto, pero también recordar y llorar con las deplorables y paupérrimas actuaciones de Guillermo Marino, Rolando Zárate, Ariel Bogado, Omar Bravo y el ladrón número 1, digno protagonista de la tercera entrega de Sherlock Holmes e imagen principal de las tortillas Maseca: Francisco Fonseca. Lo de Fonseca fue una de las estadías mas descaradas en el fútbol mexicano. Haciendo un pequeño ejercicio, me dispuse a comparar si había existido tal aberración en otro equipo del balompié nacional en la última década y no la encontré (corríjanme si me equivoco). Biancucchi para la Máquina, aquel paquete de brasileños que le vendieron al Querétaro por ahí del 2003, al más puro estilo “remate de elektra al 3×1” con Allan Dellon, Leandro Machado y otro cristiano cuyo nombre no recuerdo, Andrés Ríos en el Toluca, Lucas Castromán en las Aguilas, Sebastián Taborda en Pumas, Manuel Neira en Jaguares, Lucas Barrios en Atlas (me doy un tiro ahora de ver a donde ha llegado este futbolista), Eduardo Lillingston en Tecos, Luis Fernando Saritama en Tigres y otros más con los que podría seguir toda la noche. Resultado: Francisco es el Rey Petardo.

Francisco Fonseca

"El parásito de Cemex"

Entonces, volviendo al momento en que el señor Orible Peralta corría a festejar su gol recién anotado y el marcador cambiaba en la pantalla de televisión a un fatídico 0-1, donde la primera imagen que se me venía a la cabeza era la de Walter Silvani y aquel penoso incidente para todos los seguidores felinos en la  final del Invierno 2001, lo que parecía un camino tranquilo y sin complicaciones para la tercera estrella, se volvió una pesadilla que te empieza a crear un ansia, enojo y desesperación interna, sólo comparables con vivir la experiencia de escuchar un partido de la Concachampions narrado por Raul Orvañanos y Ciro Procuna, con los atinados apuntes de Javier Alarcón.

Hasta antes del minuto 7 del segundo tiempo de este partido, el gol que más había disfrutado gritar tuvo lugar un 15 de Octubre del 2008 en el estadio Nacional de Santiago. Se enfrentaban mi selección nacional o “La Roja” (como muchos la conocen) contra el odiado rival y equipo a vencer en cada eliminatoria: Argentina. Al minuto 35 del primer tiempo, Gary Medel le cede el balón a Carlos Carmona en el vértice derecho del área chica albiceleste, le pasa por detrás para que Carmona le devuelva el balón y llegando a línea de fondo, saca un pase retrasado para que el debutante Fabian Orellana, la mande a guardar con un riflazo, dejando en el piso a Juan Pablo Carrizo. Era la primera vez que le ganabamos a Argentina en un partido oficial de eliminatorias, además de ser el punto de inflexión hacia el boleto conseguido para Sudáfrica 2010.

fabian orellana contra argentina

"No llores por mi, Argentina"

“¿Qué se sentirá ser campeón?” era la pregunta que me hacía cada vez que veía jugar a la UANL. La verdad es que nunca lo había vivido, ya que cuando Tomas Boy levantó la copa en 1982, yo era bastante pequeño. Tan pequeño que mi edad  tenía un signo negativo antes. Tenía -6. Con mi selección nacional, sólo podemos ser campeones en 2 competiciones: La copa América y la copa del mundo. En la primera hemos llegado 4 veces a la final pero nunca la hemos podido ganar. En la segunda… bueno, salimos campeones una vez ahora que recuerdo, aunque después tuve que apagar el Play Station. Por supuesto que cuando digo que no habíamos salido campeones, estoy mintiendo. Los Tigres de la UANL lograron arrasar y quedarse de forma categórica el 5 de agosto del 2009 con la famosa ensaladera y el título de campeón de la SUPERLIGA norteamericana. Ahora entenderán porque tengo que mentir y ocultar aquel premio de Kinder Sorpresa.

El Gol es un orgasmo en el fútbol, es el momento cúlmine de una obra de arte. Al igual que con un orgasmo, todos quieren conseguirlo pero lo bonito viene en la antesala, eso es lo que importa en el buen fútbol. Jorge Torres Nilo fue el encargado de mandar un centro que sólo él sabe si fue dirigido a Mancilla o fue  “a la olla”. Luego, después de tanto tiempo en el que Tigres le dió alegrías a su servidor del país andino, tuvo que venir otro Chileno a devolverle esa alegría al equipo norteño. Hector Mancilla remató sin tregua alguna e hizo estallar el volcán, un volcán que había estado apagado en 29 años. “GOL!” fue lo primero que dije. Luego me agarré la cabeza y volví a gritar “GOL!”, añadiéndole la palabra “Mierda!”. Finalmente, solté el tercer “GOL!” pero esta vez fue largo y desde el corazón, como nunca lo había gritado en mi vida. En ese momento se me olvidaron todos los Fonseca, Marino, Everton, Bogado, Saritama, Castillo, Zárate, Bravo, Blas Pérez, Bornstein y cuanto pordiosero anduvo portando nuestra camiseta.

¿Qué se siente ser campeón? Ver a tu equipo campeón crea un lazo único. Te quita un peso de encima aunque sea en un torneo que fomenta la mediocridad, premia a la inconsistencia y busca el beneficio individual antes que el colectivo. Pero la ley del cangrejo es un rasgo prominente en nuestras culturas latinas y si la aplicamos a diestra y siniestra en la política, en el laburo, la religión y educación… por qué no en el fútbol?

ley del cangrejo

"Ley del cangrejo"

Yo he soltado una lágrima 3 veces en el fútbol. La primera fue cuando mi sueño de ser futbolista se fue por un tubo. La segunda fue cuando se entonó el himno nacional de Chile en el partido contra Honduras en Sudáfrica 2010. La tercera fue este domingo 11 de diciembre del 2011, cuando vi a toda la gente saltando y llorando de alegría en el Universitario de San Nicolás de los Garza.

¿Cómo dejar de ser americanista?

Sé que dejar de irle a un equipo es casi pecado mortal para los que amamos el futbol pero les explicaré como fue que abandoné al América para enrolarme con los tuzos, creo que tengo derecho y seguramente me ganaré el perdón divino por haber sido un villa melón en su momento.

Los pondré en contexto; naci en el DF y durante los 15 años que radique en esa hermosa ciudad viví siempre en la zona sur así que por simple geografía tenia 2 opciones para escoger equipo: Pumas o América, pero esa no fue la razón principal, mi padre y abuelo eran americanistas, mi abuelo estudio en el Poli por lo tanto los Pumas quedaban descartados, esa idea se transmitió de generación en generación y por ende mis visitas al Azteca fueron recurrentes.

No recuerdo a que edad mi padre me empezó a llevar a ver a las Águilas pero seguro fue muy pequeño porque me llevaba en brazos muchas veces, después crecí un poco y seguía la misma rutina mientras yo fingía entrar dormido al estadio para no tener que pagar boleto en ese momento era una aventura para mi, ahora sé que mi papá no hacia lo correcto, sin embargo el simple hecho de hacerlo para poder contarlo hoy, hace que valga la pena.

 

Lo que más se me viene a la mente es la época de Leo Beenhakker, encantaba ver a ese equipo con grandes futbolistas nacionales como Zague, Del Olmo, Lara, Villa y los pininos del Cuau pero los que se llevaban las palmas eran el par de africanos Biyik y Kalusha, aún no entiendo como no se pudo ganar un titulo con ese equipo, en la cancha se hizo todo pero creo que a Televisa le faltó meter su mano como lo hace en muchas ocasiones.

Posterior a la salida de Beenhakker vinieron más jugadores, apareció Terrazas, el ahora famosísimo Potro Gutiérrez, Pavel, Aspe, Hermosillo y Luis García, pero sin importar que jugadores llegaran no se podía obtener el campeonato después de más de una década.

El punto de quiebre vino en aquel partido semifinal de Libertadores del año 2000, el rival era el más odiado para mí: el Boca Juniors, (nunca he sido fanático del futbol argentino ni de sus futbolistas), después de haber sido vapuleados en el partido de ida 4-1, se jugaba la vuelta en el Azteca, era un miércoles, toda la mañana no había podido prestar atención a ninguna de mis clases por esperar a que mi papá pasara por mí al tocar el timbre ir a comer y esperar el silbatazo inicial, todo iba excelente; de pronto el América iba 2 goles arriba y se vislumbraba un final épico.

Faltaban menos de 10 minutos y de pronto Calderón metió el tercero, en ese momento la alegría me invadió y me arranqué la playera, mi padre hizo lo mismo para no dejarme solo, comenzamos a llorar de la alegría y todavía no terminábamos de festejar cuando al petardo de Walter Samuel se le ocurrió rematar un balón y meter el gol que los llevaba a la final; mis lágrimas cambiaron de alegría a tristeza y después de ese día no volví a sentir lo mismo por las Águilas, poco a poco fui arrancando los posters que adornaban las paredes de mi cuarto, regalé mis playeras, banderas y demás artículos, incluso le perdí el amor al futbol durante un año.

Deje de ir al estadio, de disfrutar la pizza (picza como se debe pronunciar en cualquier estadio)la coca, y los tragos de cerveza que mi papá me daba de vez en cuando, me olvidé del caos en el estacionamiento, de las porras, las tortas de 2 pesos, los arrimones en el tren ligero, las naranjadas bonafina y demás momentos que hacían único el ir al coloso de Santa Úrsula.

Podrán decir lo que sea, pero el futbol es como las mujeres; y si tu novia, esposa, amante o quimera no te da una buena noche después de más de 10 años para que seguir perdiendo el tiempo; así que invito a los americanistas a recapacitar están a tiempo de corregir el camino, fracasos no faltan y seguirán siendo la burla del futbol mexicano por mucho tiempo y por favor no me hablen de amor a la camiseta cuando ni sus “estrellas” creen en la institución, yo les pregunto ¿Cuántas noches más esperaran a que el América se convierta en esa mujer soñada y les cumpla todas sus fantasías?

¿Un Loco?

Existe un jugador Uruguayo llamado Washington Sebastián Abreu, mejor conocido como el “Loco”, pero ¡¿por qué le dirán así?!
El delantero Charrúa es originario de Minas, nació en el año de 1976. Hoy en día cuenta con 35 años y sigue metiendo goles. Abreu ha jugado para 18 equipos en 7 países diferentes ¡que locura!…. debutó en 1994 con el Defensor Sporting. A vestido las playeras de San Lorenzo, River Plate, Deportivo La Coruña, Nacional, Gremio, Monterrey, Cruz Azul, Dorados, Tecos, América, San Luis, Tigres, Real Sociedad, Aris Salónica y la de su actual club el Botafogo, en algunas de las escuadras mencionadas a militado en más de una ocasión.

Antes de jugar al Fútbol profesional participó con las Selecciones Juveniles Uruguayas de Básquetbol, aunque él mismo comenta que le tenía un gran cariño al Vóleibol. El gusto por el Fútbol fue herencia de su padre e ídolo Washington Abreu “siempre admiré la forma de jugar que tenía mi viejo”. Tras consagrarse campeón con El Nacional de Uruguay en 2005, recorrió un trayecto en bicicleta junto al medallista olímpico Milton Wynants (seguidor de Nacional) hasta la iglesia de la Virgen de Verdún en agradecimiento, el recorrido fue de 100 kilómetros, y lo realizó al día siguiente de levantar la copa.
En 1998 el Deportivo La Coruña pago por él 10.5 millones de dólares, fue una cifra récord para el club.
Sin duda alguna el plantel de sus amores es el Nacional, equipo que en 2003 sufría una tremenda crisis y de la cual Abreu era conciente, por ese motivo adquirió uno de los palcos de su estadio, el número 13 del Gran Parque Central, el costo fue de 30 mil dólares. Cuando jugaba para el Defensor Sporting  anotó el gol de la victoria contra el Nacional, el delantero no festejó, y declaró “hubiera preferido estar del otro lado”.
En México cuenta con 4 títulos de goleo, sin duda alguna un país en el cual siempre destacó, es muy querido por todas las aficiones de los equipos en los que participó. En Diciembre de 2002, en la carretera Interbalnearia de Uruguay, se volcó la camioneta en la que viajaba, sufrió contusiones en el cráneo y en uno de sus hombros, lamentablemente su amigo Pedro falleció, uno de los muchos tatuajes que porta Abreu tiene como motivo aquella dolorosa situación “Pedrito siempre esta en mi mente y corazón”.

El “Loco” es un obsesionado por el número 13, cifra que siempre porta en su dorsal, de hecho en su casa en Uruguay tiene un cuarto en donde guarda playeras, fotos, trofeos y recuerdos llamado “El Museo Del 13”.
Desde el inicio de su carrera siempre lleva consigo una playera debajo de la indumentaria (me imagino que tú, así como yo, la has observado en diferentes ocasiones) ha sido reconstruida y modificada a lo largo del tiempo, ya que en ella están impresas las fotos de sus 4 hijos, el escudo del Nacional, la playera de la Selección y la Bandera Uruguaya, como también la camiseta de la Selección de Valleja, donde jugó su padre.
Jugador criticado por muchos, algunos le han llamado “tronco” y le cuestionan en demasía por la infinidad de equipos en los cuales a militado, para otros un gran cabeceador, un hombre de área, goleador nato, admirado por muchos de sus compañeros, un ejemplo a seguir. Palabras más o palabras menos, pero sin duda alguna ídolo en Uruguay, basta con recordar el pasado Mundial de Fútbol en cuartos de final jugando contra Ghana, el partido llegó a la serie de penales, fue ahí donde Abreu dió el pase a semifinales a su Selección, cobrando el último disparo de la tanda de una manera extraordinaria, el estilo “Panenka” a su máxima expresión, un gol que sin duda quedará para la historia, una “locura” que aquella noche presenció todo el mundo y que aceleró a más de mil mi corazón: ¡la picó! ¡el loco la picó!

Un jugador atípico, entregado, extrovertido, goleador…. un Loco del Fútbol.