Locura y Autoexilio. César y Gladiador.

marcelo bielsa loco

La Locura puede definirse como la pérdida de la cordura de un desesperado o la reflexión máxima de un genio. Así mismo, la Locura puede despertar sentimientos extremistas dentro de una persona. Si aquella Locura le provee alegría, orgullo y bienestar a una persona, esta misma puede perder la razón y el juicio, cayendo totalmente rendida a sus pies en una asimilación al enamoramiento ciego. Pero si la Locura avergüenza, desprestigia y contamina a una persona, esta se vuelve una víctima de un enemigo irascible con la mente nublada por el orgullo lastimado, con una sed de decapitación digna de un plebeyo en la Roma popular. Al final del día, “Pan y Circo” es lo que nos mueve a todos por dentro, y si el pan está duro y el circo aburre, pase lo que pase pediremos la cabeza de alguien.

Marcelo Bielsa ha sido partícipe de ambas caras de la moneda. César y Gladiador. La Soledad, fuera del campo de juego, es la marca más clara de Marcelo. Una Soledad no por imposición sino que por elección. En el 2009 fuimos testigos de como el Autoexilio, enfundado en dolor y con sed de revancha por orgullo, puede proveer una paz mental que, junto a la disciplina, el estudio, la humildad y la perseverancia, se convierte en la Excálibur de cualquier ser humano.

Sin embargo, este no fue el primer intento del nacido en Rosario. A los 16 años, y en contra de la voluntad de su padre, Marcelo abandonó su nido familiar para seguir su sueño en torno a la redonda. Su nueva familia se llamaba Newell’s Old Boys y su nuevo padre, Jorge Griffa.

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Cuando Bielsa cumple 25 años, es entonces, cuando nos muestra la primera señal de aquella búsqueda de la perfección a través del Autoexilio. Marcelo rellena su frustración (de no poder ser un futbolista capaz y destacado) con el análisis técnico y minucioso.

“Prefiero el Protagonismo con la pelota antes que la especulación, y estar en el campo rival antes que en el propio. Más tiempo en posesión de la pelota antes que intentar recuperarla. Utilizar el reglamento para que el juego sea mejor y no para sacar ventaja. Y, en la medida de lo posible, anticipación de todas las líneas en el desarrollo del juego.”

¿Y cómo se puede llegar a conseguir todo esto? Con fuerzas contrarias pero complementarias. Generosidad y Protagonismo. Humildad y Coraje. Reflexión y Esfuerzo. Disciplina y Rebeldía. Un Minimalismo bien definido pero por sobre todo, constante. Así es como puedes conseguir sacar lo “mejor” de un jugador. Y, si indagamos y generalizamos más, lo “mejor” de una persona. Con esta filosofía, Marcelo logró ser el César de Rosario en 1991 y de toda la Argentina, a inicios del 2002. Campeón con uno y líder histórico con el otro.

La Culpa es del Loco!

En Junio del 2002, el dolor, la desesperación y el odio externo, inundaron el interior de Bielsa. La Argentina llegaba mejor que nunca a una justa mundialista y… se iba peor que nunca. El gol de Anders Svensson al ’58 y el pitazo final del árbitro, hicieron olvidar a todo el pueblo argentino del récord de puntos en la eliminatoria y de los títulos, además del carisma y despliegue técnico, de Bielsa. Lo que vino en los días siguientes, fue una semejanza a la película El Perfume, cuando atrapan a Jean Baptiste Grenouille. Y como no, si desde hace 28 años que la Argentina no quedaba eliminada en primera fase.

El pueblo le agarró un odio tremendo. Se convirtió en un Gladiador en pleno coliseo. El Dolor de Bielsa era evidente y profundo. Sin embargo, el Autoexilio se hizo presente hasta 2 años después de aquel momento y en el lapso cumbre de su carrera. Ganó la medalla de Oro en los juegos olímpicos de Atenas 2004 y luego -sorpresivamente para todos- renunció.

¿Después de eso? Máximo Paz, zona aislada, despoblada, de campo y de buen comer, le dieron a Marcelo la calma y la sabiduría que le hacían falta durante un período de “desaparición” mediática de 3 años. El Dolor de haber perdido en un instante lo más amado para él, le hizo buscar respuestas en un estado de reflexión máxima. Marcelo siempre supo que era lo que estaba pasando en el fútbol mundial en ese momento. Recibió múltiples ofertas de clubes importantes en el mundo, las cuales rechazó una por una. Junto más de 30,000 videos de partidos grabados y se volvió en el Google Analytics de un partido de fútbol.

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El Fénix

En su juventud como estratega, alguna vez comentó en una entrevista “Quiero venirme a Chile o a Suiza. Son países modernos futbolísticamente hablando y que además no están en los extremos como Argentina. Acá, un triunfo o una derrota lo significa todo.” . Cuando Harold Mayne-Nicholls lo contactó para ofrecerle la dirección técnica de Chile, entonces Bielsa escuchó y analizó. Organizó un asado con sus mejores amigos para hablar de fútbol y de un posible escenario como orquestador del país vecino. Lo que sigue ya todos lo sabemos. Revolucionó la historia, la mentalidad y el nivel de un país completo. Futbolística y socialmente. El Minimalismo que Bielsa adoptó en Chile, le otorgó tiempo y energía para enfocarse en lo que realmente importaba, al igual que cuando Steve Jobs creaba un nuevo producto en Apple. Un Minimalismo en el accionar deportivo y en la vida cotidiana, donde vivía en un cuarto pequeño en el complejo deportivo Juan Pinto Durán y salía a comprar al mercado local en bicicleta.

La clave del éxito de Bielsa es que se enfocó en buscar el camino a la felicidad antes que al mismo éxito.

“Soy un especialista en fracasos y sé perfectamente que las adhesiones se pierden cuando se acaba el éxito. Los seres humanos de vez en cuando triunfan. Habitualmente se desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan de vez en cuando… muy de vez en cuando. Éxito y Felicidad no funcionan como sinónimos. Hay gente exitosa que no es feliz y hay gente feliz que no necesita del éxito para serlo. La obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones para ser feliz.”

En la actualidad, Marcelo goza de la misma situación en Bilbao y Bilbao lo goza por primera vez. Normalmente, la gente reacciona ante la Locura con desprecio, rechazo y miedo. ¿Por qué? Porque es un camino al éxito siendo feliz, pero MUY arriesgado. Y cuando la palabra “riesgo” entra en juego, la gente corre. Sin importar que el éxito los espere al final del camino. Un Loco es un genio obsesivo, más estudioso que los demás y que siempre piensa antes del momento. Es un camino extremista que te lleva al éxito o al fracaso pero… si aprendes a levantarte de un fracaso y absorbes toda la enseñanza del mismo, entonces el fracaso no existe y terminas siendo un genio, entendido o ignorado, amado u odiado, como Marcelo.

marcelo bielsa athletic club de bilbao agachado

Somos iguales y tan diferentes… una pelota nos une.

Sudamérica, tierra de oportunidades y de injusticia, de altiplanos y amazonas, del hincha y del devoto cristiano. México, tierra de oportunidades y de injusticia, de desiertos y rivieras, del aficionado y del fanático religioso. Hablamos el mismo idioma, pero como cada acento en cada región, el deporte más hermoso del mundo varía junto con él. En el español azteca le llamamos futbol y allá abajo se escucha como fútbol (o fúhbol, como muchos lo hemos pronunciado por años). La acción de patear un balón aquí o allá puede ser tan simple, pero no para una persona que ha vivido casi la mitad de su vida en tierras aztecas y el resto de ella en suelo andino.

Yo y mis amigos, en uno de los tantos "México vs Chile"

Cuando llevas casi 9 años viviendo en un país, que no es el tuyo pero hablas el mismo idioma y la sensación de ver un balón rodar es semejante, aprendes a identificar los rasgos distintivos de cada estereotipo de jugador, árbitro, hincha, periodista, DT, familia del hincha o persona cuyo andar en la vida gira en torno al fútbol local. Es entonces cuando te das cuenta que la palabra GOL suena y sabe distinto ya sea gritado en la bombonera de Boca a la bombonera de Toluca. No es un misterio que el primer regalo de un bebé latino es una pelota, sin embargo, el cómo desarrollamos nuestra vida en torno a la redonda es la gran diferencia entre el norte y el sur.

En Chile, la gente nace gritando gol. Pocos son los que consiguen escapar a la decisión obligada de representar los colores del “Cacique” (Colo-Colo), la “U” (Universidad de Chile) o los “Cruzados” (Universidad Católica), así como los equipos que consiguen triunfar sin llevar estos nombres. Si vives en la capital y eres de un equipo pequeño de moda como el Audax Italiano o la Unión Española, te miran como si fueras puertorriqueño y escucharas Rock. Ni que decir si te gusta un equipo de provincia, o sea, “en serio, pobrecito. Mejor apoya a un equipo de la liga boliviana”. El fútbol chileno es muy peculiar. Peculiar porque somos muy buenos y somos muy malos, somos fanáticos a morir e indiferentes cuando las cosas no resultan.

El culpable de este sentir han sido las múltiples alegrías y traumas que nos ha brindado la selección nacional o los equipos locales. Traumas como aquella eliminatoria para el mundial de Corea-Japón 2002 que nos dejó en el último lugar de la tabla, por debajo de aquella Venezuela de los viejos tiempos (la que se comía 4 o 5 pepinos hasta del representante de Guyana Francesa) con unos números espantosos con 3 partidos ganados, 3 empatados y 12 perdidos. Sin embargo, una de esas 3 victorias fue contra Brasil y por 3 a 0… de esas cosas inexplicables que por más que le des vuelta, ni Jaime Maussan te libra de la duda. Como olvidarnos de aquel Colo-Colo del 2006 que jugaba mejor que el Barcelona de Messi en Play Station. Un tridente asesino, con el “Mati” Fernández (nacido en Argentina), el “chupete” Suazo y el “niño maravilla” Alexis Sánchez, arrasaron con Huachipato, Coronel Bolognesi, Alajuelense, Gimnasia y Esgrima de la Plata, Toluca y… el Pachuca se quedó con la copa. Bueno, fue un golpe duro para los chilenos y para el “Mati” también, que entró en depresión y nunca volvió a ser el mismo 10 que hizo que hasta un Argentino comentara en televisión abierta: “Che, Mati… por qué no vestís la albiceleste por el amor de Dios!”. Alegrías las hemos tenido. Cuando clasificas a un mundial donde eres un perro de la calle y juegas contra Rottweilers , Boxers y Pitbulls para luego escuchar tu himno nacional en un estadio de Sudáfrica, es razón suficiente para soltar una lágrima y reir, sentir la felicidad genuina.

El Rottweiler porta una camiseta celeste y hace uso de su “garra charrúa”. Aquella garra que por muchos años se ha figurado en la mente de la mayoría como un Diego Lugano pateando al delantero o múltiples Gargano, Diego Pérez y Pereira, pensando que están jugando contra los All Blacks. Yo vi la verdadera garra. La vi en el “Soccer City”, junto al llanto y sonrisa de Luis Suárez y la sonrisa y llanto de Asamoah Gyan. Para mí, un país que logra sacar piernas talentosas y envidiables en un número abundante y constante de entre 3 millones y medio de habitantes, no es de admirar, sino que de gritar con el alma y soltar una lágrima de orgullo, cada vez que el balón cruza la línea.

Asamoah Gyan y uno de los momentos más emocionantes que he visto.

Al Bóxer le dan la pelota mucho antes que a los demás: en la sala de parto. Este individuo juega y baila al mismo tiempo. Es la muestra viviente del “Ginga” o “Jogo Bonito”. La mayor fábrica exportadora de piernas futbolísticas solo sonríe y juega. Desde Pelé hasta Neymar, pasando por Zico, R9, Ronaldinho, Kaká y muchos más, portando siempre el estereotipo de persona con una sonrisa en la cara, multifuncional y que te pone el balón donde se lo pidas (excepciones siempre habrá. Lo siento Alex, Felipe Melo y Dunga). Brasil es el país del fútbol a nivel mundial.

El Pitbull es odiado por todos. A nadie le causa gracia y sabes que si te descuidas, te morderá. Este ente respira, habla, suda y vive fútbol. Equipo al que se enfrenta, es un clásico. Tu naces en Argentina y te enseñan dos cosas: El fútbol es tu religión y Diego es tu Dios. Odiados siempre lo serán, así como envidiados por la clase y pasión con la que su vida gira en torno a la redonda. Argentina es capaz de sacar jugadores que desprecian la camiseta y solo juegan por el olor de los billetes como Batistuta, jugadores que son capaces de representar y salir campeones con selecciones mejores que la misma albiceleste como Trezeguet y Camoranesi, jugadores que a pesar de cometer error tras error, tienen hasta su propia religión como el gran Diego y marcianos de otra galaxia que simplemente uno no se explica como pueden jugar de una manera tan perfecta como Messi y Aimar. Factor común: todos son unos genios dentro de la cancha.

El resto, vive su realidad con asombro o resignación. Algunos con las esperanzas puestas en Pizarro, Vargas y Farfán, otros viviendo el mejor momento de su historia y portando la Vinotinto con un orgullo desmesurado, algunos saliendo del cuento de la cenicienta ecuatoriana que duró 8 años y 2 mundiales, además de los que siguen con recuerdos empolvados de aquel Diablo Etcheverry y el mundial de USA ’94, sin olvidar a los que comienzan a ver un equipo como aquella máquina metegoles en las épocas de Pablo y Andrés Escobar, con un “Pibe” que fue traído al mundo por los dioses, o silenciosos pero efectivos como el pueblo guaraní, con Roque de salida, Cabañas disparado en la cabeza pero un Tacuara que la rompe donde juega.

Un semillero de jugadores donde el objetivo primario es cruzar el charco y cobrar en euros. ¿Y los que no pueden? Viva México Cabrones!

Mis compatriotas sudamericanos llegan a México, algunos a cobrar, otros a romperla. Los ídolos y villanos siempre han existido, sólo que aquí en México este título se adopta en una rapidez y cantidad exponencial. Una de cal por una de arena. Cementeros llorando por la partida de César Delgado, tiempo después los mismos con la sonrisa de oreja a oreja con la salida de Bianccuchi. Americanistas entregándose en cuerpo y alma a Claudio López, tiempo después aventando huevos a los autos de Castroman, Bilos y “SUPER” Richard. Mi corazón Tigre ha hecho que se me haya pasado por la cabeza mandar a hacer un lanzadardos con la cara de Guillermo Marino, pero luego me acuerdo de las jugadas que nos brindaba Gaitán y Silvera, más las de Lobos en la actualidad, y cuelgo el teléfono. Aquí se juega con un balón y no una pelota. El “aficionado” te va a gritar a la cancha, no el “hincha”. El “Venga!” reemplaza al “Vamoh!” en el palco, mientras que el “Si se puede!” es el sustituto del “Poné Huevoh!” en galería. Estadios llenos hasta en la segunda división (tu no Tecos) donde la cerveza forma parte fundamental de este escenario, cosa que en Sudamérica se aceptará el día en que Schwarzenegger reemplace a Obama en la Casa Blanca.

The biggest mistake in history.

En México, la decisión de vestir y representar un color es más fácil. No porque los equipos grandes no existan, sino porque la irregularidad es más constante que la misma participación de la selección nacional en las copas del mundo. Irregularidad constante que equivale a 8 campeones diferentes en los últimos 10 años. Y a diferencia de Sudamérica, si eres de un equipo provincial (a excepción de los Tecos, Jaguares o el “ascendido”) no eres raro. Ya seas seguidor de las masas (Guadalajara, América, UNAM, Cruz Azul), de hueso colorado (Monterrey, Tigres, Atlas), seguidor local (Morelia, Querétaro) o de los que viven del pasado (Puebla, León, Necaxa), tendrás 10,000 detrás de ti, pase lo que pase.

Alegrías y Traumas, por supuesto han ocurrido también. Aquí la peculiaridad es que las tristezas las brindan los grandes y las alegrías los jóvenes. ¿A quién no se le forma un nudo en la garganta de coraje y frustración cuando recordamos a McBride y Donovan gritando sus goles en el estadio Jeonju? El “Hijo”, el “siempre te ganamos”, el “dedícate al Basquetbol y al Beisbol” nos dejaba fuera en nuestro juego. 4 años después nuevamente lo mismo, o sea, ¿quién nos explica que la pierna derecha de Maxi Rodríguez se usó una vez para subir a un autobús en Avellaneda y una vez para hacernos llorar con un golazo de 30 metros en los tiempos extras? Sí, siempre a México. Si, jugamos como nunca y perdimos como siempre. Y no nos bastó, sino que nuevamente 4 años después, el odiado Pitbull (con la ayuda del árbitro) nos mandaba de vuelta para la casa. Si se preguntan en este momento “¿Por qué este Chileno habla de México en primera persona del plural?”, es porque tengo un tatuaje con la bandera de México y de Chile con tinta en mi brazo derecho, además de otro sin tinta en mi corazón.

El ansiado "5to Partido"

Entonces… ¿siempre nos quedamos en el “ahí nomás”? No. Muchachos de 17 o 16 años tienen que venir a enseñarnos que el talento existe pero la mentalidad se pule a sudor de sangre. El “hermano de Alejandro Vela” o “el Ronaldinho mexicano” lo hicieron una vez en el 2005. El “del turbante en la cabeza” lo volvió a repetir en el 2011.

La pelota es redonda, ya sea en Tijuana o en Ushuaia. ¿Somos diferentes? Sí. ¿Jugamos diferente? Sí. ¿Lo vivimos diferente? Sí. Pero al final, el fútbol es el fútbol. Te acostumbras y te vuelves parte de él, como en todo otro aspecto de la vida. Cuando te vuelves ciudadano de dos culturas, te da igual “meter un caño” o “hacer un túnel”, “echar una reta” o “jugar una pichanga”, odiar a Juvenal Olmos u odiar a Hugo Sánchez. Yo en lo personal, visto la “Roja” o la “Verde” con el mismo orgullo y quiero seguir pensando que la gran diferencia entre ambos es que en México te enseñan a meter un gol con un cambio de juego de 35 metros, en Sudamérica te enseñan a meter un gol habiendo hecho un “caño” o una “bicicleta” primero. Para mí eso es lo bonito del fútbol, una jugadita, un descarado que falta el respeto.

Lo ideal es que algún día salga el Simón Bolivar del fútbol y generemos una sola patria futbolística.

El RiBer de Ledesma, El River de Enzo.

“Jugar en Argentina hoy en día te desprestigia, si no ganás, te matan.” Carlos Tévez 04.09.2011

Les soy honesto, no tenía idea que Fernando Cavenaghi vestía la camiseta millonaria otra vez. En mi subconsciente seguía pensando que la próxima vez que eligiera al Bordeaux en el FIFA, iba a destruir a mi oponente con alguna pepita del “Cave”. Les soy honesto en otra cosa, se me hace un nudo en la garganta ver en la página oficial de River lo siguiente:

El 16 de junio del 2004 River Plate se concentraba en algún hotel de Buenos Aires para recibir en la vuelta de las semifinales de la copa Libertadores a Boca Jrs. Este viernes hará lo mismo, solo que en vez de Lucho Gonzales y Fernando Cavenaghi, estarán Cristián Ledesma y el mismo Cavenaghi; y en el Nuevo Gasómetro (Estadio de San Lorenzo) recibirá a Defensa y Justicia… Defensa y Justicia, con el respeto que merece el modesto club de las inmediaciones en Florencio Varela, que fue lo que pasó? o como diría el Tano Pasman, “Caruso la perdió, la perdió, la perdió… se cansó de perder la pelota hace 8 meses, la conch…”. Bueno mi Tano, no solo Caruso, sino que los otros 10 también.

Es un golpe que ningún aficionado de corazón de River Plate podrá olvidar nunca. Es una experiencia más impactante que ganar un campeonato. A quién tildamos de responsable? A J.J.López? A Aguilar? A Passarella? A los jugadores que vinieron a cobrar y reírse del público como Pavone y Fabianni? Probablemente todos tengan la culpa. Probablemente el público también tenga la culpa. El único que se salva en este dar y recibir es Passarella, su pasado y los 3 títulos que consiguió lo respaldaron en esta ocasión.

El fútbol argentino está en una situación crítica a nivel internacional, y aun más crítica a nivel nacional. Se vive una semejanza a la edad media, donde el público decidía tu futuro y si no les gustabas, no te mandaban a la cárcel, sino que directamente a la guillotina. Solo que este público es más sádico. Una vez que te decapitan, te penetran el corazón para asegurarse. El pan de cada día es Messi y su drama infinito con la selección mientrás que el pan duro y podrido lo vivimos este pasado fin de semana con Antonio Mohammed. El “Turco” fue, es y siempre será un guerrero. Ha vivido número igual de alegrías como de tristezas, y que pidan tu renuncia es la “decapitación”… cuando la hinchada completa toca la marcha fúnebre en el estadio y te recuerda la muerte de tu hijo hace algunos años, esa es la “estocada al corazón”. Un “Turco” que salió campeón de América hace poco con el “Rojo” y ni eso lo salvó. Por eso digo que un mal torneo es una cosa que enoja a Argentina, una mala actuación en tu selección es algo que decepciona a Argentina pero un descenso, un descenso es algo que no se perdona en Argentina.

Mientras soñamos todavía con Enzo Francescoli y sus chilenas formidables, los que no tuvieron la suerte de ver jugar a uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol, sueñan con que RiBer vuelva a ser River. Yo en lo personal prefiero quedarme con los recuerdos del Enzo haciendo magia, de Crespo anotando los 2 goles que le daban el título de campeón de América, de Saviola y como nadie creía en él por su estatura, de Gallardo y sus tiros libres milimétricos, del Matador Salas y como el público se volcaba ante un chileno, del negro Astrada y su liderazgo en la defensa, de D’Alessandro y la “Boba” y de Lucho Gonzales y lo que es sudar la camiseta por River Plate.

Los que gritaron “Nooooooo” como mi buen Tano, sintieron el mismo fervor cuando gritaron el gol de Nasuti en aquella semifinal del 2004 al min.94 y sabrán que River siempre será River, aunque por hoy sea RiBer. Los gigantes caen, pero cuando regresan, siempre vuelven con algo que hace que la gente no los olvide y no los perdone, pero ahora por las alegrías que les dan. Todavía sigo con la firme intención de que si algún día tengo un bebé, y es nene… le pongo Enzo.

Ah y antes que se me olvide: Cavenaghi, eres grande. Y también tu amor por River.